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23 de agosto de 2011

No estamos solos




Interesante artículo publicado en el diario EL PAIS


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En la Tierra hay 8,7 millones de especies, según la última estimación


El 86% de las terrestres y el 91% de las marinas están aún por descubrir, describir o catalogar

ALICIA RIVERA - Madrid - 23/08/2011

Si llegasen unos extraterrestres a la Tierra, una de sus primeras preguntas seguro que sería cuántas diferentes formas de vida hay en este planeta, y "nos avergonzaría la incertidumbre de nuestra respuesta", ha dicho Robert May, eminente zoólogo de la Universidad de Oxford. Cuentan la anécdota los científicos de un equipo internacional que ha realizado la última estimación de la cantidad de especies que hay en la Tierra. Un total de 8,7 millones de especies, un 25% de ellas en el océano, podrían responder estos científicos, liderados por Camilo Mora, a los extraterrestres de May. Aunque puntualizan que su error calculado es de 1,3 millones arriba o abajo, se trata de una cifra considerablemente precisa, teniendo en cuenta que hasta ahora se situaba el número total de especies entre tres millones y cien millones. "Si no sabemos, ni siquiera por el orden de magnitud (un millón, diez millones, cien millones...) el número de habitantes de un país, ¿cómo podríamos planificar el futuro?", plantea, a modo de ejemplo, uno de los autores de la investigación, Boris Worm (Universidad Dalhousie, Canadá).

El 86% de todas las especies terrestres y el 91% de las marinas todavía no se han descubierto, descrito y catalogado, señalan Mora (investigador de la Universidad Dalhousie, en Canadá, y de la de Hawai, en EE UU) y sus colegas, que presentan su técnica de estimación de especies y los datos resultantes en la revista científica en internet Plos Biology. Desde que, hace 253 años, el científico sueco Carl Linneo creó el sistema para nombrar y describir especies que se utiliza hasta ahora, se han catalogado algo más de 1.2 millones (aproximadamente un millón en tierra y 250.000 en los océanos) y se recogen en la base de datos general; se calcula que unas 700.000 más estarían descritas y a la espera de entrar en la base de datos.

La distribución de especies entre los diferentes reinos de la vida eucariota en la Tierra es notablemente precisa: aproximadamente 7,77 millones de animales (sólo 953.434 descritas y catalogadas); 298.000 especies de plantas (214.644 catalogadas); 611.000 de hongos (43.271 catalogadas); 36.400 de protozoos (organismos unicelulares), de las que están catalogadas 8.118; 27.500 de chromistas (como las diatomeas) con 13.033 catalogadas. En total, 8,74 millones de especies en la Tierra, más casi 11.000 archaea y bacterias.

La técnica desarrollada para obtener esta estimación se basa en la observación de la jerarquía de categorías taxonómicas, desde el nivel de especies y géneros, pasando por órdenes y clases hasta phyla y reinos, explica May en un artículo complementario también en Plos Biology. Mora y sus colegas han constatado que para los eucariotas, la descripción de las categorías taxonómicas más altas es mucho más completa que en los niveles más bajos. Además, analizando los agrupamientos taxonómicos en las 1,2 millones de especies que hay actualmente en el Catálogo de la Vida y el Registro Mundial de Especies Marinas, han descubierto patrones numéricos que relacionan los niveles taxonómicos más altos con el de las especies. Estos patrones permiten hacer las estimaciones de número de especies en grupos menos conocidos y obtener una cifra total con un margen de error.

El interés por conocer el número de especies no responde a mera curiosidad científica o al deseo de quedar bien delante de un hipotético extraterrestre que visite la Tierra haciendo buenas preguntas. La cuestión del número de especies en el planeta, junto a la investigación de su distribución y abundancias, "es particularmente importante ahora, porque una gran cantidad de actividades humanas e impactos están acelerando la tasa de extinciones; muchas especies pueden desaparecer antes incluso de que sepamos que existen, de que conozcamos su nicho y función en los ecosistemas y de que podamos explorar su potencial contribución para mejorar el bienestar humano", declara Mora en un comunicado del programa Censo de la Vida Marina.

La última actualización de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) recoge 59.508 especies, de las cuales 19.625 están clasificadas como amenazadas, señala Worm. Esto significa que esta lista, considerada la más avanzado en este ámbito, está vigilando menos del 1% de las especies del planeta.

Aunque la cifra de 8,7 millones de especies sea muy inferior a las estimaciones máximas que rondan los cien millones, el trabajo que queda por hacer conocerlas es abrumador, al menos si se pretende hacer como hasta ahora. "La descripción de todas las especies que quedan pendientes, exigiría, con los enfoques tradicionales y basándonos en costes y equipos actuales, unos 1.200 años de trabajo de más de 300.000 taxonomistas y un coste de 364.000 millones de dólares", señalan los investigadores. "Afortunadamente, nuevas técnicas como el código de barras de ADN están reduciendo radicalmente el coste y tiempo necesario para la identificación de nuevas especies".
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2 de abril de 2011

Un mundo que casi no vemos

Repasando el ejemplar de febrero 2010 de la excelente revista National Geographic, vemos una nota muy interesante sobre los seres vivos que pueden encontrarse en un pie cúbico de suelo orgánico. Por ser parte también del mundo animal incluimos aquí unos párrafos del artículo, que puede leerse completo en la revista o en Internet..

Lo que cabe en un cubo


Estudios en miniatura de la biodiversidad

Por Edward O. Wilson

¿Cuánta vida es posible encontrar en un cubo de unos 30 centímetros de lado, en un trozo tan pequeño de ecosistema que podríamos apoyar sobre nuestras rodillas? Para responder la pregunta, el fotógrafo David Liittschwager colocó un marco metálico de color verde, una estructura cúbica de exactamente 30,48 centímetros de lado (es decir, un pie cúbico, unidad de volumen usada en los países anglosajones), en los ambientes más dispares: terrestres y acuáticos, tropicales y templados.

En cada lugar instaló el cubo y empezó a observar, contar y fotografiar, con la ayuda de su asistente y de muchos biólogos. Su propósito: documentar y retratar a los seres que vivían en ese espacio o se movían a través de él. Después, el equipo clasificó y registró cada una de las criaturas de más de un milímetro halladas en cada uno de los cubos de los diferentes hábitats. Hicieron falta unas tres semanas de trabajo en cada emplazamiento. En total, fotografiaron más de un millar de organismos.

Cuando hincamos una pala en la tierra o arrancamos un trozo de coral, seccionamos todo un mundo, y cruzamos una frontera oculta que muy pocos conocen. Directamente al alcance de las manos, a nuestro alrededor y bajo nuestros pies, se encuentra la parte menos explorada de la superficie del planeta y también el lugar más vital de la Tierra para la existencia humana.

En cualquier hábitat, ya sea a ras de suelo, en el dosel del bosque o en el agua, lo primero que vemos son los animales grandes: aves, mamíferos, peces, mariposas… Pero gradualmente los seres más pequeños, mucho más numerosos, empiezan a eclipsarlos. Hay innumerables insectos que se arrastran o zumban entre la maleza, lombrices y criaturas sin nombre que se escabullen para ponerse a salvo cuando removemos la tierra del jardín.

Hay esas molestas hormigas que aparecen por legiones cuando destrozamos accidentalmente un hormiguero, y las irritantes lar­vas de escarabajo que aparecen entre las raíces de la hierba que ya amarillea. Si levantamos una piedra, aún hay más: todo tipo de arañitas y un sinfín de bichos pálidos de formas diversas que se esconden entre las hifas de los hongos.

Diminutos escarabajos corren para escapar de la luz, mientras las cochinillas de la humedad forman con el cuerpo una bola defensiva, y los ciempiés y milpiés se deslizan por la grieta más cercana.
Podría dar la impresión de que toda esa patulea de bichos, y los reinos en miniatura que habitan, no tienen la menor importancia para los seres humanos.

Pero los científicos han llegado a la conclusión opuesta. Junto con las bacterias y otros microorganismos invisibles que hay alrededor de las partículas minerales del suelo, los habitantes de ese suelo que pisamos son el corazón de la vida en la Tierra.
El terreno donde viven no es únicamente una matriz de tierra y guijarros.

Todo el suelo está vivo. Prácticamente todas las sustancias que circulan en torno a las partículas inertes son producto de la actividad de los seres vivos.
Si desaparecieran todos los organismos de cualquiera de los espacios cúbicos ilustrados en estas fotografías, el hábitat de su interior cambiaría radicalmente.

Las moléculas del suelo o del lecho fluvial se volverían más pequeñas y simples. Variaría la concentración de oxígeno, dióxido de carbono y otros gases en el aire. El conjunto tendería hacia un nuevo equilibrio fí­­sico, en el que el cubo de 30 centímetros de lado parecería de algún mundo distante y estéril.

La Tierra es el único planeta conocido que tiene biosfera. Esta delgada capa de vida es nuestro único hogar. Ella sola es capaz de mantener el ambiente exacto que necesitamos para vivir. La mayoría de los organismos de la biosfera (y el vasto número de especies que la habitan) se encuentra en la superficie de la tierra o justo debajo de ella. Por sus cuerpos pasan los ciclos de reacciones químicas que hacen posible la vida. Con una precisión que nuestra tecnología no puede igualar, algunas de esas especies descomponen la materia muerta, vegetal o animal. Depredadores y parásitos especializados se alimentan de esos carroñeros, y sirven a su vez de alimento a otros especialistas de nivel superior.

El conjunto, en su constante rotación de nacimiento y muerte, devuelve a las plantas los nutrientes que necesitan para la fotosíntesis. Sin el eficaz funcionamiento de todos esos engranajes, la biosfera dejaría de existir. Así pues, necesitamos toda esa biomasa y biodiversidad. Sin embargo, pese a su crucial importancia, la vida del suelo continúa siendo relativamente poco conocida, incluso para los científicos.

Por ejemplo, se han descubierto y estudiado unas 60.000 especies de hongos, entre los que figuran setas, royas y mohos, pero los especialistas calculan que hay más de un millón y medio de especies en la Tierra. Junto a ellos, en el suelo prosperan algunos de los animales más numerosos en el mundo, los nematodos, que incluyen, entre otras formas, los gusanos blancos apenas visibles que pueden encontrarse en todas partes justo bajo la tierra.

Se conocen decenas de miles de especies de nematodos, pero el número real podría ascender a varios millones. Y hongos y nematodos son superados en nú­­mero por otros organismos todavía más pequeños.
En una pizca de tierra del jardín, de más o menos un gramo de peso, hay millones de bacterias, representantes de va­­rios miles de especies, la mayoría desconocidas para la ciencia.

Con más de 12.000 especies descritas en el mundo, las hormigas son uno de los insectos mejor estudiados. Aun así, es probable que el número real de especies duplique o triplique esa cantidad.

La vida en el suelo no es una mezcla aleatoria de hongos, bacterias, gusanos, hormigas y todo lo demás. Las especies de cada grupo aparecen rigurosamente estratificadas según la profundidad.

Bajando desde la superficie a capas inferiores, las condiciones del microambiente cambian gradualmente pero de forma sustancial.

Centímetro a centímetro hay variaciones en la luz y la temperatura, en el tamaño de las cavidades, en la química del aire, la tierra y el agua, en el tipo de alimento disponible y en las especies presentes. La combinación de esas propiedades, hasta llegar a un nivel microscópico, determina el ecosistema superficial. Cada especie está especializada en vivir y reproducirse en su nicho particular.
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