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6 de febrero de 2011

Caracol de tierra

Caracol es el nombre común de los moluscos gasterópodos provistos de una concha espiral. Hay caracoles marinos (a veces denominados caracolas), dulceacuícolas y terrestres (el que presentamos aquí). Son muy apreciados por el hombre, tanto con fines coleccionistas como gastronómicos.


Según la Revista de Geografía Universal, edición española, el caracol terrestre es una autentica “maravilla de la naturaleza”. Porque en realidad –dice la revista- “no puede menos que causar admiración su peculiar anatomía, sus ojos montados en ‘periscopio’, su equipo para triturar comida, su tapete viscoso sobre el cual se traslada, su particular apareamiento y el hecho de que cada uno sea hembra y macho al mismo tiempo. Desde luego, también, su particulr refugio portátil. No en vano se le puede considerar un auténtico fósil viviente, pues es igual a sus antepasados que poblaron la tierra hace millones de años.



Seguimos leyendo en la revista, de la que tomamos la información que acompañan las fotos. Gracias a este equipo, el caracol puede satisfacer sus necesidades alimenticias, que son muchas. Debe nutrir sin cesar sus poderosos músculos y también requiere satisfacer su demanda de calcio para mantener en condiciones su casa ambulante.

Las necesidades de calcio explican su capacidad para realizar proezas que parecerían increíbles; por ejemplo, que lleguen a perforar las rocas –o a desgastar las paredes de las casas. A ello se debe que los caracoles abunden en zonas calizas y escaseen en terrenos arcillosos.

Desde los viejos tiempos de griegos y romanos, han sido considerados verdaderas joyas culinarias. En las regiones donde abundan, no son exclusivos de las mejores mesas, ya que cualquier persona tiene la posibilidad de atraparlos y guisarlos.

Algunos historiadoes aseguran , en base a los fósiles encontrados, que a los caracoles de jardín ya los consumía el hombre de la Edad de Bronce, 1.800 años antes de Cristo.


Características físicas
Los caracoles se mueven como los gusanos, alternando contracciones y elongaciones de su cuerpo, con una proverbial lentitud. Producen mucus para ayudarse en la locomoción reduciendo así la fricción. Esta mucosidad contribuye a su regulación térmica; también reduce el riesgo del caracol ante las heridas y las agresiones externas, notablemente las bacterianas y fúngicas, y los ayuda a mantenerse lejos de insectos potencialmente peligrosos como las hormigas.

El mucus sirve además al caracol para desembarazarse de ciertas sustancias como los metales pesados y entra también en la composición de la cubierta.

Anatomía de un caracol de jardín. 1: concha 2: Glándula digestiva (Hígado) 3: pulmón 4: ano 5: poro respiratorio 6: ojo 7: tentáculo 8: ganglios cerebrales 9: ducto salival 10: boca 11: buche 12: glándula salival 13: poro genital 14: pene 15: vagina 16: glándula mucosa 17: oviducto 18: saco de dardos 19: pie 20: estómago 21: riñón 22: manto 23: corazón 24: vasos deferentes.

Cuando se retrae en su concha, segrega un tipo especial de mucosidad que se polimeriza, para cubrir la entrada de su caparazón con una estructura llamada opérculo. Es similar en algunas especies de babosas, algo parecido a una cáscara debajo de su piel superior para prevenirlas de desecarse por completo. El opérculo de algunos caracoles tiene un olor agradable cuando se quema, por eso a veces se usa como un constituyente del incienso. Este opérculo suele ser fino en las especies terrestres y en otras como las marinas, muy mineralizado.

Muchas especies terrestres o de agua dulce hibernan en su concha sellándose con el opérculo, que les sirve de protección para y que se destruye en la primavera o cuando el entorno se hace más húmedo. Algunas especies se reúnen e hibernan en grupos mientras que otras se entierran antes de la hibernación.

Cuando el caracol crece, también lo hace su concha. Un caracol cerrará una sección de su concha y añadirá una nueva cámara al crecer, cada cámara será más grande que la anterior por un factor constante. Como resultado, la concha formará una espiral logarítmica. En algún momento, el caracol construye un reborde alrededor de la abertura de la concha, deja de crecer, y comienza a reproducirse.

El caracol de tierra más grande es el caracol gigante africano, que puede medir hasta 30 centímetros.

Los caracoles de jardín, por parejas, se inseminan el uno al otro, para fertilizar internamente sus óvulos. Generalmente, en la primavera y el otoño de las zonas templadas, mientras el tiempo permanece caliente y húmedo. La cópula se hace generalmente de noche y dura de promedio entre 4 y 7 horas. Se lanzan el uno al otro una saeta espiral de carbonato cálcico, que desaparece en el interior del receptor, donde se disuelve y libera el esperma.

Después hacen un agujero, enterrando sus huevos algunos centímetros bajo la superficie de la capa fértil. Pasados 12 días (hasta 1 mes según las condiciones climatológicas), estos huevos eclosionan y surgen las caracolitas. Cada puesta consiste en hasta ~100 huevos. Son capaces de poner huevos una vez cada mes.

Reproducción
Los caracoles son hermafroditas, producen tanto espermatozoides como óvulos. Deben acoplarse porque no pueden autofecundarse. Están equipados de un pene y del órgano receptivo correspondiente. Otros, como los caracoles manzana o Ampullariidae, son hembra o macho.
Los caracoles de jardín, por parejas, se inseminan el uno al otro, para fertilizar internamente sus óvulos.



La baba
La baba, que sale abundamente de unas glándulas situadas en la parte delantera, junto a la boca, es el factor determinante en la vida del caracol. Sin este rastro viscoso que va dejando y que es en realidad un tapete que extiende por anticipado, no se explicaría su extraordinaria locomoción, ni su paso por obstácuolos puntiagudos o afilados.

Como la piel de este gasterópodo no es impermeable, sino que deja pasar agua lo mismo hacia el interior que al exterior, en el supuesto de que su pie tuviera que entrar en contacto con los objetos donde se apoya, se colarían hacia su cuerpo todo tipo de sustancias, y en caso de no perecer impregnado de los ácidos que tienen algunas plantas o por la acción de las sales que se hallan en la tierra, sin duda quedaría envuelto por el polvo o sofocado por la basura que recogería en su diario transitar.

Caracoles horneados con mantequilla y perejil, según una receta francesa

Caracoles a la llauna, como se hacen en Lérida

La baba, en cambio, pone el caracol a cubierto de todos esos riesgos. En realidad, el cuerpo del animal jamás entra en contacto con los objetos por los que camina. Su boca solo actúa cuando las diferentes células olfativas que tiene colocadas en los tentáculos, en su piel y aun en su pie, le informan que ha llegado a una fuente alimenticia. Pero si lo que ha encontrado a su paso no es comestible y sí en cambio dañino para su salud, entonces el caracol altera su curso.

En general, abundan los testimonios más o menos fehacienetes de quienes sostinen que los caracoles viven 5, 10 y hasta 15 años. En el siglo pasado, un coleccionista de estos moluscos aseguró que quince años después de haber incorporado uno a su colección, éste despertó de su larguísima hibernación (una forma de sueño) y caminó.

(Fuente: Revista de Geografía Universal, edición española, en la que puede encontrarse más información).
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